Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.

El Guardian / Salmo 121

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«El Señor es tu guardador; el Señor es tu sombra a tu mano derecha» (Salmo 121:5).

Aunque el Salmo 121 es más conocido por las palabras del primer versículo: “Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro?” la clave de su mensaje está en los versículos tres al cinco: “No dejará que tu pie titubee, ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. Jehová es tu guardador, Jehová es tu sombra a tu mano derecha”.

Si nuestro Guardián se adormeciera no resistiríamos un instante; le necesitamos tanto de día como de noche, somos incapaces de dar un solo paso con seguridad si no es bajo su mirada protectora. Esta es, ciertamente, una de las estrofas preferidas en un cántico de peregrinaje. Dios es la escolta y guardaespaldas de sus santos. Y cuando surgen peligros a nuestro alrededor estamos a salvo, porque nuestro Protector y Preservador está siempre despierto y no permitirá que seamos sorprendidos. No hay fatiga o agotamiento posibles que puedan hacer que nuestro Dios caiga en el sueño, sus ojos vigilantes nunca se cierran.

El salmista nos dice que Jehová, asume de gracia el oficio de guardián y lo cumple en persona. Y lo lleva a término con carácter personal: “Jehová es tu guardador”, en favor de una persona especialmente favorecida en concreto: “tú”. ¿Somos capaces de hacer nuestra tal aseveración divina?

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